miércoles, 5 de enero de 2011

Criando vanidad, inocencias robadas

Lo siento Inner pero como te dije creo que esta sera tu semana, Copy/paste:

El estilo Barbie Princesita-Ñoña Niña-Repollo esta muy de moda este año, como lo estuvo el anterior, y el anterior…

Niñas para los concursos de belleza 
Aunque mas que la vestimenta, lo importante en un desfile de moda o concurso de belleza infantil consiste en que ellos sonrían con naturalidad para mostrar la espontaneidad característica de la niñez. 

Puesto que hablamos de niños, es fundamental que se lo pasen bien en un ambiente sano y divertido.
Si ven el video de mas abajo veran puras madres gordas... por lo visto un poco frustradas.



PD: Aquí tenéis un video que muestra como funcionan estos concursos. Pertenece al documental Living Dolls: The Making of a Child Beauty Queen (2001). Todo esto ocurre only in the USA. (PD: si alguien la tiene en español hacermela llegar)


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Con tres años, Dotti-Dawn Stevens era una niña de dulce sonrisa pero muy tímido carácter.

Su madre pensó que inscribirla en un concurso de belleza le ayudaría a ser más extrovertida.

Ahora que ha cumplido los cuatro y cuenta con 26 títulos de miss infantil en su haber, disfruta ensayando poses delante del espejo y reconoce que le gusta que la gente le mire. Su rutina es estresante: practica como modelo por las mañanas, recibe clases de baile al salir de la escuela y estudia en el coche.

Fotografia de JonBenet Ramsey


Pero el suyo no es un caso precoz. Kaila, con apenas seis meses, luce una diminuta tiara; Tiani, la corona de una reina y Brandon, el cetro de un monarca. Ninguno de los tres niños supera el año y medio de edad y ya han ganado el primer galardón de su vida. Son los campeones del Estado de Nueva York del concurso de belleza Sunburst USA 2000. Ahora su principal meta es vencer en la gran final nacional de Atlanta (Georgia), en 2001, pero entretanto quedan decenas de competiciones donde medir la pose, las dotes escénicas y hasta la capacidad para recitar una poesía o cantar una canción, aunque ninguno acierte a sostenerse aún sobre sus propios pies. Kaila, Tiani y Brandon han nacido para gatear por las pasarelas de centros comerciales de áreas suburbanas y parroquias rurales. Son los nuevos fichajes de una de las aficiones infantiles y paternas más controvertidas de Estados Unidos: los concursos de belleza infantil.

Baby Queen Kaila, Tiny Queen Tiani y Baby King Brandon llegaron al mundo pasado el furor mediático sobre el misterioso asesinato, aún sin aclarar, de la pequeña JonBenet Ramsey, de seis años. Demasiado pequeños para cuestionarse asuntos como la explotación infantil o la cosificación sexual de los menores. Tampoco lo hacen sus padres, demasiado encandilados con sus criaturas como para asociar aquellas imágenes de JonBenet, vestida de cowgirl y princesa, con ningún acto de perversión. El crimen de la Navidad de 1996 en Boulder (Colorado) no ha enterrado una de las grandes pasiones de Estados Unidos: los pageants o concursos de belleza.

Un negocio. Mientras los principales campeonatos de misses adultas siguen siendo un gran negocio que mueve millones de dólares al año, la red de competiciones infantiles es su versión a escala. Las tarifas de entrada son menores y los premios casi nunca superan las 200.000 pesetas porque el galardón al que aspiran los padres es que sus pequeñas alcancen la fama e inicien una carrera como modelos de publicidad.
En 1997, antes de que la tragedia de JonBenet trastocase los concursos, se movían 200.000 millones de pesetas anuales, según la revista Pageant World. "Es difícil calcular una cantidad exacta", asegura Charles Dunn, editor de Pageantry Magazine, una de las cuatro principales biblias de la industria en los 90.

El presupuesto en maquillajes y vestidos depende de los padres. La media son 60.000 pesetas, pero hay matrimonios que gastan más de medio millón.
Un dato revelador de que los concursos siguen vivos es que la tirada de Pageantry Magazine ronda las 120.000 copias y su web registra 100.000 visitas mensuales. Los cálculos aproximados hablan de un circuito nacional compuesto por unos 100.000 pequeños míster y misses y de unos 6.000 concursos anuales. Nombres como Rachel McNelly o Summer Isbala, reinas de este olimpo en miniatura, acaparan las portadas de las publicaciones. Eventos como Nuestra Miss Diamante, la Liga de las Pequeñas, Niñas de Ensueño, Muñecas de Glamour y Niños Tropicales USA son las competiciones de mayor prestigio. "También resulta imposible mantener una lista fiable de este tipo de eventos. Algunos tienen una tradición de años y cuentan con importantes patrocinadores. Sin embargo, existen centenares de ellos casi espontáneos, organizados en centros comerciales y parroquias de barrio con fines benéficos", explica Dunn.

Los más prestigiosos -en los que participan Dotti-Dawn Stevens y su hermana- son las versiones de menores de las grandes ligas adultas, como Miss América. Entre las principales empresas figura Sunburst USA, con 23 años a sus espaldas y campeonatos en 43 estados del país, además de Puerto Rico y Canadá. La única diferencia entre unos y otros es la inversión monetaria paterna y materna. La tarifa de registro oscila entre 40.000 y 60.000 pesetas, pero también hay concursos de tercera donde se accede por sólo 2.000 pesetas.

El gasto en maquillajes y vestidos es discrecional. "No hay una cifra fija. Yo diría que la media es 60.000 pesetas por concurso, pero muchas madres pagan hasta 600.000, que incluye un peinado profesional, copias en miniatura de trajes de diseñadores y sesiones de entrenamiento para desfilar o cantar", explica Annette Hill. Con 15 años de experiencia, Miss Annette, como se hace llamar, ha convertido su pequeño Universal Royalty en una de las principales empresas organizadoras de concursos en el Estado de Texas y aledaños. Cada año pone en marcha pasarelas en 60 localidades diferentes. Hill es una experta en detectar a una buena candidata a la corona, o un "buen paquete", como se dice en la jerga. "Lo importante no es la belleza, sino la naturalidad, las maneras generales, la gracia, el conjunto vaya".

Jurado implacable. Los jueces pueden llegar a ser tan estrictos como en los concursos de adultos. A los menores de un año les perdonan el atuendo, pero de ahí para arriba son implacables. Las participantes en las competiciones de Sunburst deben llevar un vestido dominical, pasear sobre la pasarela y saber responder al micrófono a las preguntas de los jueces. Si concurren en la modalidad de talentos han de demostrarlo frente a la audiencia, aseguran la reglas.
Annette Hill anda atareada en estas fechas preparando el concurso nacional de Austin. "Los campeonatos son una cita crucial, no sólo por los premios, sino porque es la ocasión en que las agencias de publicidad mandan a especialistas en casting. Es una oportunidad para los padres que quieren lanzar a sus hijos a la publicidad. Y ahí sí se habla de miles de dólares", explica.
Los 60 concursos anuales que organiza Hill se multiplican por cinco categorías. Los más jóvenes del trono (menores de un año) son los reyes y reinas bebés. Les siguen los "reyes chiquitos" (tiny, un año), los "meoncitos" (pee-wees, tres o cuatro años), los pequeños y los preadolescentes, hasta los 14 años. Los abundantes críticos de este negocio aseguran que más que un deporte es un robo a mano armada. Además del precio de inscripción, los organizadores exigen aportaciones adicionales de patrocinadores. Los padres acuden a los negocios de su vecindario para sufragar al menos otras 60.000 pesetas. Y el que prometía ser un fin de semana de fantasía termina casi siempre en intensos sábados y domingos en moteles y salones de boda de segunda.

El caso JonBenet tendió una sombra sobre los pageants estadounidenses, pero también derribó uno de los mitos. A los concursos no sólo acuden familias de clase media. Los Ramsey eran una acaudalada familia de Colorado con bastante dinero para no soñar con falsas tiaras para la pequeña JonBenet. "Durante todo el escándalo se creó una imagen falsa. Aquí no hay distinciones de clase, religión o raza", asegura Charles Dunn, editor de Pageantry Magazine. "Todos los americanos están fascinados con los concursos de belleza. Sus versiones infantiles son una iniciación fantástica a este mundo. Es también un deporte y una forma de que padres e hijos pasen juntos los fines de semana", explica Dunn, que se niega a comentar más sobre la tragedia de la pequeña reina.
Sin embargo, la silueta de la hija de los Ramsey aún se pasea por las diminutas pasarelas de centros comerciales e iglesias. JonBenet tenía seis años y era una de las estrellas del circuito. El día de Navidad de 1996 apareció muerta en el sótano de su casa familiar en un suburbio de Boulder (Colorado). La autopsia determinó que, además de ser estrangulada, había sufrido abusos sexuales. Desde el principio, sus padres estuvieron en la lista de sospechosos. Pero un Gran Jurado desestimó su procesamiento por falta de pruebas. Tres años después, el caso sigue abierto y los padres aún no han logrado desprenderse de la sombra de las sospechas. Pese a la tragedia, los vídeos y portadas con la imagen de JonBenet siguen asociados con el mundo de los pageants. Las niñas de más edad recuerdan con admiración a la prodigiosa modelo de Colorado, ganadora de tantos concursos. Los padres no quieren ni oír hablar del tema. Se refieren sencillamente al asunto como "el incidente" o "el escándalo".
JONBENET RAMSEY de seis años, apareció estrangulada en su casa la navidad de 1996. Su muerte, aún sin resolver, conmocionó al mundo de las "misses".
En los meses siguientes al crimen, la prensa estadounidense persiguió a las pequeñas reinas. "Era como si ser una aspirante a miss infantil fuese sinónimo de muerte", recuerda Annette Hill, que acaba de participar en un documental televisivo, La competición, con la esperanza de desterrar de esta industria la mala fama generada por "el incidente". No sólo el número de concursantes disminuyó a raíz del crimen. Varias pequeñas empresas se quitaron de en medio y algunas publicaciones desaparecieron, como Pageant World y Pageant Life. Se publicaron todo tipo de estudios sobre concursos de belleza y explotación infantil. Entre ellos, el libro La niña en mí, que pintaba un sombrío retrato sobre este tipo de competiciones. "Les han robado su infancia. Son convertidas en objetos eróticos. Se les enseña a actuar como objetos sexuales, a gustar a otros", asegura su autora, la psiquiatra Emily Hancock.

Otros organizadores de concursos tiraron la toalla antes del caso JonBenet. "Dejé de dedicarme a juzgar a niños hace ocho años. Detesto el concepto entero. Mira a JonBenet, con sus melenas y todo el maquillaje. ¡Sólo tenía seis años!", dice Al Locayo, uno de ellos. "A la mayor parte de las niñas les divierte. Es un pasatiempo de fin de semana. El maquillaje y los vestidos que vemos en televisión no tienen mucho que ver con estos concursos", replica Shari Foster, directora de eventos de belleza infantil en el Estado de Michigan. El editor de Pageantry Magazine asegura que "estas competiciones son un ejercicio más en la formación de un niño. Los que participan en ellos aprenden dos cosas fundamentales: confianza en sí mismos y capacidad verbal, lo que resulta básico en el aprendizaje, especialmente si luego aspiran a ocupar profesiones que les obliguen a tratar con el público".

Algunas ex misses infantiles aseguran haber llegado a su madurez con traumas. Con cinco años, Charlotte Carr ya era una reina infantil con un récord de 119 trofeos. Había sido coronada Pequeña Belleza y su rostro, con sus intensos ojos azules enmarcados en rímel, era portada habitual de las revistas del circuito. Charlotte tiene hoy 25 años, se apellida Lawrence, vive tranquila con su familia en Utah y asegura que no se atreve ni a usar maquillaje. "Mirando al pasado, creo que son las familias las que deben dar autoestima a sus hijos, no un jurado con cartones de puntuación".

Las mamás de las misses no se han ganado una buena reputación precisamente. Menos aún después de la muerte de JonBenet Ramsey. La madre, Patsey, fue durante semanas sospechosa no oficial de la tragedia. "Muchas veces los padres tratan de prolongar sus deseos a través de sus hijos. Proyectan sus propias necesidades en los niños, sin darse cuenta de que lo hacen por ellos, no por lo que piense su hijo", asegura Lucia Gilbert, psicóloga y especialista en temas de la mujer.

Los malos tratos verbales, a veces físicos, no son ajenos a estas competiciones. Nunca se cometen en público, claro está. Charlotte Lawrence recuerda compañeras presas del llanto, madres abusivas y, sobre todo, niñas desesperadamente necesitadas de una victoria para complacer a sus progenitoras. "Estos concursos están llenos de odio. Las niñas son capaces de matar para ganar. Recuerdo que yo tenía muchísimas enemigas", reconoce la ex miss infantil. "No hay más exceso de competencia que en otro deporte. Sigo sin comprender por qué no se considera como el béisbol o el fútbol. ¿Acaso no quieren también los padres que sus hijos ganen los partidos?", se pregunta Charles Dunn.

Dotti-Dawn Stevenes es, como las demás, demasiado inocente como para comprender que su vida no es normal. Todo le parece ilusionante, bello, natural... Pero se está convirtiendo en un ser caprichoso, presumido y ferozmente competitivo.


¿QUE OPINAS TU? personalmente los niños deben ser niños y hacer cosa de niños para que crezcan sanos... forzar su crecimiento es perder eso que todos los hemos sido niños recordamos con tanto cariño.

En la mayoría de los casos es un mal uso de los niños, prostitución (en cierta medida) infantil, y las madres intentan realzar en sus hijas sus sueños frustrados.

Dinero que se gana a costa de los niños... todo un marketing. Que pesar nada mas que pesar. Tanto dinero malgastado y luego nos preguntamos por que el mundo tiene crisis económica.

5 comentarios:

  1. Si alguien tiene este documental (living dolls: the making of a child beauty queen) me gustaria que me lo pasase
    gracias

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  2. Estamos en la misma... lo han dado por el cable subtitulado al español, pero el subtitulado no lo he encontrado en internet, esta solo en youtube por partes en ingles.

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  3. que lindas nenas .. la verdad les tengo mucha envidia por que resulta que siempre fui fea, muy fea narigona y llena de granos pero es lo que me toco , espero que mis hijos no salgan a mi-

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  4. la verdad... nada de envidiar. La belleza que ellas lucen solo es el reflejo de lo que los grandes querian que fueran no dejan disfrutar su inosencia al maximo. Cuida la inocensia de tus niños y no hagas como esas madres que en un gran porcentaje tratan de ser en ellas lo que ellas no fueron con sigo mismas (traumas).

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