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miércoles, 24 de agosto de 2011

La verdad cantada sobre EE.UU. desde 11S (Excelente!)





Viejos añejos cerrados en un sistema vs Mente joven que crea un nuevo sistema

Viejos que estan oxidados en sus glorias del ayer y pensamientos retrogradas vs alguien que no les compra nada sino que mira simplemente los echos y los frutos de lo que hicieron. Me encanta que alguien diga la verdad por su nombre.







lunes, 16 de mayo de 2011

Los peligros de la arrogancia del imperio


Me cuento entre los que se entusiasmaron con la elección de Barack Obama para presidente de Estados Unidos, especialmente viniendo después de G. Bush Jr, presidente belicoso, fundamentalista y de poquísimas luces. Creía éste en la inminencia del Armagedón bíblico y seguía al pie de la letra la ideología del Destino Manifiesto, un texto inventado por la voluntad imperial norteamericana para justificar la guerra contra México, según el cual Estados Unidos sería el nuevo pueblo escogido por Dios para llevar al mundo los derechos humanos, la libertad y la democracia. Este convencimiento de la propia excepcionalidad se tradujo en una arrogancia histórica que hizo que Estados Unidos se arrogase el derecho de imponer al mundo entero, por la política o por las armas, su estilo de vida y su visión del mundo.

Esperaba que el nuevo presidente ya no fuera rehén de esta nefasta e imaginaria elección divina, pues anunciaba en su programa el multilateralismo y no la hegemonía, pero tenía mis dudas, pues por detrás del Yes, we can (sí, nosotros podemos) podía esconderse la vieja arrogancia. Ante la crisis económico-financiera pregonaba que Estados Unidos había demostrado en su historia que podía todo, y que iba a superar la actual situación. Ahora, con ocasión del asesinato de Osama bin Laden ordenado por él (en un estado de derecho, que separa los poderes, ¿tiene el ejecutivo el poder de matar, o eso es competencia del judicial que manda prender, juzgar y castigar?) cayó la mascara. No ha podido esconder la arrogancia atávica.

El presidente, de extracción humilde, afrodescendiente, nacido fuera del continente, primero musulmán y después evangélico convertido, dijo claramente: «Lo que sucedió el domingo es un mensaje para todo el mundo: cuando decimos que nunca vamos a olvidar, estamos hablando en serio», que es como decir: «terroristas del mundo entero, vamos a asesinarles».

Ahí se revela, sin medias palabras, toda la arrogancia y la actitud imperial de ponerse por encima de toda ética.

Esto me hace recordar la frase de un teólogo que sirvió doce años como asesor de la ex-Inquisición en Roma y que vino a solidarizarse conmigo cuando sufrí el proceso doctrinario. Me confesó: «Aprenda de mi experiencia: la ex-Inquisición no olvida nada, no perdona nada y se cobra todo; prepárese». Efectivamente, así fue lo que sentí. Peor le ocurrió a un teólogo moralista, queridísimo en toda la cristiandad, el alemán Bernhard Häring. Con un cáncer de garganta que casi no le permitía hablar fue sometido a un riguroso interrogatorio en la sala oscura de aquella instancia de terror psicológico por causa de algunas afirmaciones sobre la sexualidad. Al salir confesó: «este interrogatorio fue peor que el que sufrí bajo la SS nazi durante la guerra», lo cual significa: poco importa la etiqueta, católico o nazi, todo sistema autoritario y totalitario obedece a la misma lógica: se venga de todo, no olvida y no perdona.

Así lo prometió Barack Obama y se propone llevar adelante el estado terrorista creado por su antecesor, manteniendo la Ley Patriótica que autoriza la suspensión de ciertos derechos y la prisión preventiva de sospechosos sin avisar siquiera a sus familiares, lo que se convierte en secuestro.

No sin razón escribió el noruego Johan Galtung, el hombre de la cultura de la paz, creador de dos instituciones de investigación sobre la paz e inventor del método Transcend en la mediación de los conflictos (una especie de política del gana-gana): tales actos aproximan a Estados Unidos a un estado fascista.

La verdad es que estamos ante un imperio. Es la consecuencia lógica y necesaria del presunto excepcionalismo. Es un imperio singular, basado no en una ocupación territorial o en colonias, sino en 800 bases militares distribuidas por todo el mundo, la mayoría innecesarias para la seguridad estadounidense. Pero están ahí para meter miedo y garantizar su hegemonía en el mundo. Nada de eso ha sido desmontado por el nuevo emperador, que no cerró Guantánamo como había prometido y todavía envió treinta mil soldados a Afganistán para una guerra perdida de antemano.

Podemos estar en desacuerdo con la tesis básica de Samuel P. Huntington en su discutido libro El choque de civilizaciones, pero hay en él observaciones dignas de atención, como ésta: «la creencia en la superioridad de la cultura occidental es falsa, inmoral y peligrosa» (p. 395). Más aún: «la intervención occidental probablemente constituye la fuente más peligrosa de inestabilidad y de un posible conflicto global en un mundo multi-civilizacional» (p. 397). Pues bien, las condiciones para semejante tragedia están siendo creadas por Estados Unidos y sus aliados europeos.

Una cosa es el pueblo estadounidense, bueno, trabajador, y algo ingenuo, que admiramos, y otra el gobierno imperial, que no respeta los tratados internacionales que van contra sus intereses y que es capaz de todo tipo de violencia. Pero no hay imperios eternos. Llegará el momento en que será un número más en el cementerio de los imperios desaparecidos.

Mayo 13 de 2011

Por Leonardo Boff

miércoles, 4 de mayo de 2011

Subsidio al empleo y al trabajo: una política de doble estándar

Alvaro Pina Stranger
Ph.D (c) en Sociología en la Universidad Paris-Dauphine e Investigador asociado al ICSO, Universidad Diego Portales.

En los próximos meses se abrirá el debate sobre la segunda parte del programa de superación de la pobreza recientemente impulsado por el gobierno. Uno de los principales objetivos consistirá en complementar el Ingreso Ético Familiar (condicionado) con un Subsidio al Empleo. Los expertos nacionales explican que se trata de una receta para aumentar los ingresos de los trabajadores pobres, que tiene la ventaja de no incrementar la relación de dependencia de los trabajadores con el Estado.


Sin embargo, lo que se presenta transversalmente como un mecanismo profundamente razonable y de sentido común, esconde una política pública de doble estándar.


¿En qué consiste el subsidio al empleo? De manera general, se trata de una transferencia económica del Estado a los trabajadores. Esta transferencia corresponde a un porcentaje de su sueldo. En muchos casos, una parte de este subsidio lo recibe directamente el empleador. En Chile, un ejemplo de este mecanismo se encuentra en el programa Subsidio al Empleo Joven. En este programa, los jóvenes (entre 18 y 25 años)  pertenecientes al 40% más pobre de la población pueden recibir una transferencia de hasta 20 % de su salario, y los empleadores un monto de hasta 10%. Los requisitos para acceder al subsidio tienen que ver con la edad, con el nivel de ingreso y, recientemente, con la obtención de la licencia de enseñanza media de los trabajadores. A las empresas se les exige no recibir más de 50% de aporte Estatal y respetar la ley, es decir, en particular, pagar las cotizaciones obligatorias de pensión y salud. Las incitaciones implementadas en este subsidio apuntan a aumentar la empleabilidad de los jóvenes más pobres, para así disminuir su desempleo.


El debate sobre el subsidio al empleo, que contará con un fondo aproximado de 400 millones de dólares al año, debe ser también un debate sobre las empresas que Chile necesita. La privatización de los bienes públicos no puede continuar haciéndose a favor de algunos y en detrimento de todos.


El subsidio al empleo aparece en esta descripción como un mecanismo virtuoso para la superación de la pobreza pues combina la inversión del Estado y el emprendimiento privado. Sin embargo, ni las autoridades, ni la prensa, evocan una dimensión importante de este mecanismo, a saber, que el subsidio al empleo es al mismo tiempo un subsidio al trabajo. La diferencia puede parecer sutil, pero tiene implicaciones importantes.